Last Fm murió, falleció sin previo aviso, y nos dejó a todos los que no nos llevamos bien con CADIVI, heartbroken y con un perfil limitado, eso fue como la promoción hermosa de Facebook en USA "Tú amigo te ha cambiado por un whopper", Last Fm nos pió y nos cambió por unos realitos, y uno que está acostumbrado a la música gratis.
Bueno después del trago amargo a uno le tocó buscarse otros dealers, yo opté por andar de blog en blog o de tumblr en tumblr y por ahí recaudar musiquita, luego me hice el fan número uno de Ghost Selector, donde mi Britifan me va alimentando, aunque nuestra relación sea sólo entre semana y en horarios de oficina. La cosa es que Briti nos presentó a Woxy, y de paso Woxy estaba haciendo un conteo de las 500 canciones del rock, así que nos tenía a todos sus adeptos como dije yo "Woxy que Woxy", con el status en msn "Woxy.com [128 Kb]".
Cuando se acercaba ya el top del conteo, sonó Bittersweet Symphony de The Verve, la cual estaba entre los 100 primeros y de paso nunca me gustó, sólo me gustaba la parte de los violines, me parecía que el video y Richard Ashcroft tenían mucha actitud y escucharla al final de Cruel Intentions, however, Britifan me dijo en ese momento que si ella fuera un video, sería ese, porque ella como dirían en mi pueblo "Dizque es muy sangrepito" y camina así en la calle. Yo me quedé pensando qué video sería yo y justamente sonó Just de Radiohead y si yo fuera un video, sería ese.
La cuestión es que yo siempre he dicho que tengo días así, hay días en los que ando fosforito o saturado de cosas y about to explode, y me entran unas ganas locas de echarme al suelo en medio de la calle y que nadie, me toque, me hable o me pregunte nada, porque simplemente quiero "No Ser", asumo que todos tenemos nuestros días así, también me gustaría saber si a todos nos da por no ser o si a todos les da ganas de echarse al suelo.
Ayer fue un día Just, de hecho toda esta última semana ha sido muy Just, pero ayer, ayer, ayer iba caminando por Altamira y lo vi todo, gente venía, gente iba y yo estuve a punto de lanzarme en la acera, que de paso estaba bien limpiecita como para merecerse que yo tomara un sidewalk break y hacer...Just.
Pues...no lo hice, pero apenas llegó Fab con su cámara al trabajo le dije "Agarra eso y sal que me vas a tomar una foto", Fab sólo me miró con esa cara que pone cada vez que yo invento algo pero muy complaciente, como siempre, mi mami hizo Click!...
Hoy estoy un poco triste, no sé si triste sea la palabra, estoy como cuando vas al odontólogo y al salir aún tienes la anestesia, que te muerdes y te muerdes pero no sientes dolor, bueno así ando. Así que decidí no escuchar canciones tristes por el día de hoy, al contrario escuchar algo alegre o de nice mood o me echo a llorar por las calles y esta canción me hace feliz.
Me acabo de dar cuenta que llevo 10 años perdidos con mi mamá.
Cuando yo tenía 13 años ella se mudó a un pueblito que quedaba a 45 minutos de donde vivíamos y yo decidí quedarme en San Antonio (del Táchira) porque no me gustaba Ureña y me quedaba más cerca el liceo.
Así que prácticamente me quedé viviendo solo en casa de mi abuela con visitas intermitentes de mis padres, que iban a velar por la integridad de su muchachito.
A los 16 me mudé a Caracas.
Las visitas a mi pueblo se tornaron anuales en épocas navideñas por cuestiones de trabajo y universidad, si bien nuestra comunicación es muy buena, hablamos siempre y nos tenemos mucha confianza, en una de esas idas anuales mientras nos tomábamos unos tragos y mi mamá me ponía un compilado de videos que yo veía y amaba de niño, me dijo:
"Siento que a tí no te disfruté como hijo, no tuve tiempo de cuidarte, de regañarte, de verte dormir, de levantarme en las noches y asomarme a tu cuarto para ver si estabas bien, no tuve tiempo de verte crecer, te me fuiste muy rápido y cuando regresaste ya estabas crecidito, no te disfruté..."
Ese mismo año me di cuenta que la vida que vivía mi familia y la vida que vivía yo, eran vidas paralelas, con cierta información compartida, ciertos puntos de común y de contacto pero me di cuenta que en el momento en que decidí venirme a Caracas, yo empezaba una vida distinta, ya no estaba incluido en ciertas cosas familiares, cuando iba me enteraba de cosas que no me habían dicho o algunas las sabía tarde, otras me las habían contado y se me habían olvidado, creo que cuando uno pierde el contacto con alguien se vuelve un poco egoísta, ya luego te guardas información, a veces por no preocuparle o porque cuando le vuelves a ver, tratas de contarle las partes que consideras más importantes o peor aún, sientes que hay cosas que no tienes necesidad de contar.
Mi mamá (en el tiempo que sí me disfrutó) siempre se sentó conmigo para hacer las tareas, a pesar de que yo las hiciera solito, al menos estaba al lado.
Mi mamá siempre me enseñó como se hacía todo "para cuando vivas solo" decía.
Mi mamá siempre me habló como a un adulto.
Mi mamá llegaba todos los días a casa con un juguete, que luego iba a adornar el cuarto porque yo prefería leer o armar rompecabezas, a ella le parecía curioso pero seguían llegando los juguetes, hasta que no pude dormir en mi cuarto porque pasó a ser el cuarto de los juguetes.
Mi mamá recorrió todo el centro de Maracaibo buscando un cuchillo de madera, me disfrazó de campesino y gracias a eso me gané el premio del mejor disfraz en 1er grado (otro juguete pal cuarto).
Cuando Sineâd O'Connor se hizo famosa con su cabeza rapada y salía llorando en Nothing Compares 2 U, yo tenía 7 años y mi mamá cada vez que pasaban el video o la ponían en la radio salía corriendo y gritando "LA CANCIÓN DE LA CALVITAAAAAAA!!!!!"
Esa era la canción que sonaba de fondo el día que me dijo que no había tenido tiempo de disfrutarme.
En dos horas salgo a visitar a mi mamá.
Hace cinco meses que no la veo.
Son unas quince horas de viaje.
Cuando llegué la voy a abrazar muy fuerte, sé que ella va a llorar y le diré eso que no le dije ese día:
"Mamá, no fue que no me disfrutaste, o que no intentaste, o que tal vez yo siempre fui muy independiente como tú dices; es que yo me fui muy pronto, quería ver el mundo con mis propios ojos, el mundo da miedo mamá y yo no soy Peter Pan, pensé que lo era y no lo soy, no fue que no me disfrutaste, es que yo no me dejé disfrutar"
“Un día mi hijo me preguntó, ojeó unas revistas y me dijo: ¿Papá eres el director más romántico del mundo?, le dije: Vamos, no puede ser. Para mí romántico significa, seguir a tu corazón más que a tu mente. A veces, cuando estás rodando una película, tienes que seguir a tu corazón.
Wong Kar Wai
Wong Kar Wai ha marcado mi vida, llevo años persiguiéndolo, obsesionado con él y sus personajes solitarios, queriendo hablar con ellos, con él, con los pasillos estrechos y los espacios cerrados en que se mueven sus personajes, quisiera alguna vez encontrarle en un bar, él con la mirada distante, sus gafas oscuras (a pesar de ser de noche) y un cigarro en la mano, la mirada lejana, tal vez lamentándose por un amor perdido, silencioso, hablar con él de tantas nostalgias, tantas despedidas, de cartas que nunca se enviaron o nunca se recibieron, de tanta gente desaparecida, entre tantos cigarros, en medio de muchos silencios, tal vez hablaríamos poco y al final de la noche terminaríamos en la parte trasera de un taxi, apoyando mi cabeza sobre su hombro.
Wong Kar Wai habla del tiempo, del tiempo que tenemos y el que no tenemos, de lo que hacemos y no hacemos dentro del tiempo, de las personas que llegan y se van en el trascurso de ese tiempo, ese inminente tiempo siempre avanzando, tic tac tic tac, habla mientras sus personajes no hablan, solo callan y se miran, queriéndose tocar pero sin hacerlo, porque tal vez el tacto es sólo la parte física de lo deseado, porque tal vez si lo tocas ya no lo deseas.
Nos habla a través de detalles, de colores, de sus movimientos lentos de cámara, tan suyos que podríamos identificarlos sin saber que es una película de él, a través de sus planos imperfectos, nos habla mediante esa música tan particular que siempre elige, siempre una voz en off que narra lo necesario, mientras que imágenes y actos hacen el resto. Nos sitúa en una posición más allá del simple espectador, nos hace espías, vouyeristas, cómplices, nos obliga a guardar secretos, como si fuésemos ese hoyo al final de una montaña que luego es tapado con lodo.
In the mood for love nos habla de dos personajes, dos seres rodeados de mucha gente pero solitarios, solitarios como esas calles donde por lo general se dan sus encuentros. Su Li-Zhen y Chow Mo-Wan se mudan con sus respectivos esposos a una pensión, siendo “vecinos” empiezan a sentir las carencias de sus parejas, se empiezan a buscar sin buscarse, encuentros esporádicos y en cierta forma furtivos se van dando entre ellos, Su sospecha que su esposo le es infiel, la relación de Chow cada día se enfría más, y como todo ser humano, que busca identificarse mediante otro ser humano, que busca otro ser que le diga “Soy humano porque tú eres humano, soy como tú, no en el sentido físico, bueno un poco en el físico, pero estás vivo porque yo estoy vivo y te puedo ver”, en esa búsqueda se encuentran, hablan, guardándose ciertas cosas para sí, cosas que el otro no necesariamente tiene que saber, Chow propone a Su que practique con él la forma de decirle a su esposo que ella sabe todo, y en medio de esas prácticas, de esos encuentros, se dan cuenta que sólo fue cuestión de mal tiempo, la persona correcta en el momento equivocado o tal vez la persona equivocada en el momento correcto. Por cierto, el esposo de Su y la esposa de Chow son amantes.
Kar Wai como todo director tiene una serie de códigos con los cuales trabaja, características que ha hecho suyas para contar esas historias tan bien logradas:
El Color, ese fetiche suyo por los tonos verdes y por el rojo especialmente. Dentro de la simbología occidental de los colores el rojo, como ya es bien sabido, denota el amor, la pasión, la sexualidad, dentro del ámbito cinematográfico ha sido utilizado innumerablemente para resaltar detalles claves, personajes o acciones, esta utilización no es diferente en In the Mood for love, por lo general, Su Li-Zhen lleva tonos rojizos, su boca siempre roja manifestándose como el objeto del deseo de Chow, labios que nunca llega a tocar, incluso la habitación de hotel donde se encuentran está plagada de elementos rojos, dejando entrever tímidamente ese deseo no consumado entre ellos. Por otra parte, el verde, según dicha simbología, es el color de la esperanza, la tranquilidad, la vida pero también de lo onírico y la imaginación, por tanto los espacios de la pensión, mayormente verdes podrían significar ese ambiente de calma en medio de la confusión de ambos personajes, la desesperación de Su Li-Zhen y a la vez la esperanza de que tal vez, algún día, si ellos dos o si las cosas no fuesen así, pero no, no pasa, sólo queda eso, la esperanza de que ella también lo recuerde y le cuente su secreto a un árbol.
El diálogo, o la ausencia de él. Los personajes hablan muy poco al principio, sus conversaciones tímidas y entrecortadas se van desarrollando con más fluidez y sin embargo se reducen a comentarios aislados, para dar paso a esa acciones que no realizan dentro de sus matrimonio, resultando así esta relación, el comodín de aquello que en sus cuartos no tienen, transformándose en un juego casi infantil, inocente, que oculta los sentimientos de ambos. Chow narra la película en voz en off, dándonos detalles y pistas, a simple vista fútiles, pero así escribe Kar Wai, haciendo comentarios aislados para dejar que las miradas, los movimientos, nos cuenten la verdadera historia debajo del diálogo, y todo esto es totalmente intencional, así el director trabaje sin un diálogo predeterminado.
La cámara, curiosa, taciturna, espía y cómplice, moviéndose lentamente entre ellos, muchas veces situada detrás, como alguien que escucha una conversación ajena. Tomas sobrias y elegantes, demuestran un claro sentido de estética, limpia y bien cuidada, cada plano, cada toma, cada enfoque en Kar Wai está dispuesto de forma que en conjunto con lo que está pasando frente al lente te llegue al corazón, acariciándolo o desgarrándolo, porque Wong Kar Wai puede llegar a ser cruel de la forma más sutil y eso es un arte que muy pocos manejan. La cámara se escurre y se cuela entre las paredes de la pensión, dejando ver que hay algo que se sale de esas habitaciones, que es mucho más grande que eso, que hay secretos dentro y fuera de ellos, cosas que a pesar de vivir juntos, el uno ignora del otro.Los personajes hablan en un extremo del plano, al fondo se ve un callejón, anunciando que en algún momento Su Li Zhen se marchará y pasará a ser uno de esos personajes de Kar Wai que se van y nunca regresan. Los múltiples encuentros casuales entre Su y Chow antes de conocerse, los dos abriendo las puertas a sus cuartos, a sus respectivas jaulas, los pequeños detalles de los personajes secundarios que detrás parecieran llevar una vida plena y sin restricciones de ningún tipo, todo esto es capturado mediante esas tomas melancólicas, algunas veces largas, otras más cortas y cuando estás embelesado te encuentras frente a un plano medio de los dos personajes, la cámara estática mientras Su Li Zhen se acaricia con una sensualidad divinamente sutil, víctima del calor. Así la cámara de Wong Kar Wai te hace el mayor chismoso de la historia del cine.
In the mood for love está repleta de detalles ocultos, engaños, trucos, elementos que no se muestran porque sencillamente no es necesario. Así por ejemplo, nunca vemos las caras de los cónyuges de los protagonistas, demostrando el secreto que estos guardan, son muy pocos los personajes secundarios que intervienen en la trama principal y el cielo nunca se ve durante toda la película, hay algo que Su y Chow ocultan, algo de lo que ni el cielo es testigo, sólo el espectador, al final Kar Wai abre el mundo en el que estuvieron encerrados los personajes por más de una hora, en una hermosa toma a un cielo azul, perfecto y despejado, como la relación entre ellos dos pero recordándonos que, entre cielo y tierra…
Wong Kar Wai me entristece, me envuelve en su romanticismo que asegura no buscar, me pone emotivo, me cuenta historias que no sé si tengan algún final, me contagia de una melancolía enfermiza, luego recuerdo que es sólo una película y que posiblemente sólo juegue conmigo, porque a eso se va al cine, a jugar. Sin embargo no dejo de imaginarme la posibilidad de conseguirle en un bar, triste él, muchos cigarros, hablarle de mí, escucharle por horas, o que no hable si no quiere, sólo estar y terminar en la parte trasera de un taxi, mi cabeza apoyada de su hombro y tal vez nunca volverle a ver.